patología fascialdolor-lumbar

En el artículo «Reduced thoracolumbar fascia shear strain in human chronic low back pain» (H. Langevin,2011) se sometió a varios voluntarios a un estudio para determinar la capacidad de deslizamiento que presentaban en la fascia toracolumbar (FTL) los individuos que presentaban dolor lumbar de más de 1 año de evolución, con otros individuos que no presentaban este tipo de molestia. Os dejamos el resumen traducido, así como los vídeos en donde se comparan los hallazgos en ambos grupos.

Antecedentes:

El papel desempeñado por la fascia toracolumbar en el dolor lumbar crónico (DL) es poco conocido. La fascia toracolumbar está compuesta por capas de tejido conectivo denso separadas por capas de tejido conectivo laxo que normalmente permiten que las capas densas se deslicen unas sobre otras durante el movimiento del tronco. El objetivo de este estudio fue cuantificar el movimiento de deslizamiento entre capas dentro de la fascia toracolumbar usando imágenes de elasticidad de ultrasonido en sujetos humanos con y sin dolor lumbar crónico (DLC).

Métodos:

Se evaluaron 121 sujetos humanos, 50 sin dolor lumbar y 71 con dolor lumbar de más de 12 meses de duración. En cada sujeto, se adquirió una grabación ecográfica en los lados derecho e izquierdo de la espalda durante la flexión pasiva del tronco utilizando una mesa articulada motorizada con el punto de bisagra de la mesa en L4-5 y la sonda de ultrasonido localizada longitudinalmente a 2 cm de la línea media al nivel del interespacio de L2-3. El desplazamiento del tejido dentro de la fascia toracolumbar se calculó mediante técnicas de correlación cruzada y se derivó la deformación por cizallamiento a partir de estos datos de desplazamiento. Las medidas adicionales incluyeron evaluaciones estándar del rango de movimiento y del rendimiento físico, así como la medición por ultrasonido del grosor del tejido conectivo perimuscular y de la ecogenicidad.

Resultados:

La deformación de la fascia toracolumbar se redujo en el grupo con LBP en comparación con el grupo sin LBP (56,4% ± 3,1% vs. 70,2% ± 3,6% respectivamente, p < 0,01). No hubo pruebas de que esta diferencia fuera específica del sexo (grupo por interacción sexual p = 0,09), aunque en general, los hombres tuvieron una deformación por cizallamiento significativamente menor que las mujeres (p = 0,02). Se encontraron correlaciones significativas en sujetos masculinos entre la deformación de la fascia toracolumbar y las siguientes variables: espesor del tejido conectivo perimuscular (r = -0,45; p < 0,001), ecogenicidad (r = -0,28; p <…).05), rango de movimiento de flexión del tronco (r = 0,36, p < 0,01), rango de movimiento de extensión del tronco (r = 0,41, p < 0,01), duración de la tarea de flexión hacia delante repetida (r = -0,54, p < 0,0001) y duración de la tarea de bipedestación repetida (r = -0,45, p < 0,001).

Conclusión:

La deformación de la fascia toracolumbar fue ~20% menor en sujetos humanos con dolor lumbar crónico. Esta reducción del movimiento del plano de cizallamiento puede deberse a patrones anormales de movimiento del tronco y/o a una patología intrínseca del tejido conectivo. Parece haber algunas diferencias relacionadas con el sexo en la deformación de la fascia toracolumbar que también pueden desempeñar un papel en la alteración de la función del tejido conectivo. Los hombres presentaron una menor capacidad de deslizamiento en comparación con las mujeres sometidas al estudio.


 

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